El salvavidas de Internet

"Los privilegios tienen en esta materia, como en toda otra, los inconvenientes de disminuir la actividad, de concentrarla en un reducido número de manos, de cargarla de un impuesto considerable, de provocar que las manufacturas del país resulten inferiores a las manufacturas extranjeras. No son, pues, necesarios ni útiles y hemos visto que eran injustos. […] No puede haber ninguna relación entre la propiedad de una obra y la de un campo que puede ser cultivado por un hombre, o de un mueble que sólo puede servir a un hombre, cuya propiedad exclusiva, se consecuencia, se encuentra fundada en la naturaleza de la cosa... la propiedad literaria no es un derecho es un privilegio y como todos los privilegios, es un obstáculo impuesto a la libertad, una restricción evidente a los derechos de los demás ciudadanos...”
Condorcet

 

Con la llegada de las nuevas tecnologías las cosas están cambiando muy deprisa en la creación del cómic y la ilustración. No así el mercado del libro, que no termina de congeniar con Internet y la venta no se asienta del todo en las redes. Puede que esto se deba a los desorbitados precios de las editoriales, pero también a que el lector sigue siendo un coleccionista potencial y tiene un especial fetiche con lo tangible. Por eso, la piratería todavía no supone un gran problema a la industria del libro.

Aunque sí que creo que a la larga los cómics y los cuentos tenderán a desaparecer, sobretodo por una cuestión ecológica. Es inviable, desde mi punto de vista, continuar con esa cantidad ingente de novedades publicadas que alimentan a miles de consumidores en el mundo y, por otra parte, las nuevas tecnologías brindarán en unos años la posibilidad de ver nuestros cómics en los dispositivos electrónicos. Bueno, esto ya es una realidad, pero me refiero a de forma generalizada y en todos los ámbitos del cómic, no sólo en los comicbooks de Marvel o DC, sino también en novelas gráficas o libros ilustrados.

Así que no cabe duda. El futuro del libro es incierto y ante esto los autores tenemos que dar un paso adelante para ver qué podemos hacer por cambiar las cosas.

Es innegable, ese cambio pasa por Internet. Ahí es donde cabe lo mejor y lo peor para los artistas. Lo mejor para su creatividad, inteligencia y saber. Lo peor para sus derechos y su futuro, que realmente es incierto y nos obliga a plantearnos muchas preguntas. Sin embargo esto es bueno. Renovarse o morir, como se suele decir. En el sector de la ilustración es imprescindible aplicarnos el dicho. Como autores debemos pensar en el futuro de los derechos de autor y darle una vuelta a la propiedad intelectual.

No sé, tampoco, si tiene mucho sentido hablar de "propiedad intelectual". Primero por qué me parece un término cada vez más infectado de intereses mercantilistas, inculcado desde el capitalismo artístico y tan arraigado en los autores que se ha convertido en una especie de enfermedad. Es normal que la imagen del creador se haya visto afectada entre el público. Nos negamos a aceptar que los tiempos cambian y luchamos por mantener un modelo de retribución que surgió en el renacimiento. Es inviable.

¿Pero de dónde viene este término? ¿Qué son los derechos de autor de los que siempre se hablan?

No soy una experta en la materia y seguro que entre los presentes hay alguien que sabe más que yo*, pero la propiedad intelectual nació para proteger al impresor, no al autor. En el planteamiento inicial ya hay algo que está fallando, el interés principal de esto no es el autor, ni su obra, es su explotación comercial y el beneficio económico que esto genera. Ya en el propio nombre, propiedad intelectual, hay un concepto equivocado de la creación artística. Se denomina propiedad a la obra, como si esta fuese un bien inmueble. Parece que hace tiempo murió el amor a la cultura y sólo sobrevivió el amor por lo que genera. Triste, pero al fin y al cabo hijo del sistema económico en el que vivimos.

A lo largo de la historia se han planteado debates acerca de los "derechos de autor" y la "propiedad intelectual". Ya que, mientras que la primera busca una protección de la obra y su creador, la segunda es un mecanismo de protección mercantil, orientada a la explotación económica de la misma. En el caso de los libros se realiza a través de los derechos de autor. Para haceros una idea, el creador de una obra recibe en torno a un 8% de Precio de Venta al Público (PVP). Es decir, que de un cómic que hayan editado 1000 ejemplares y que cueste unos 22€, el autor se llevará unos 1700 euros. Estaría genial recibir este dinero si se vende toda la tirada en el año de la publicación, pero normalmente el autor recibe este beneficio de forma intermitente y espaciada en el tiempo. La ley obligar a hacer cuentas a las editoriales de forma anual, pero tampoco hay organismos que los controlen y los autores sepan sobre las cifras de ventas. Las distribuidoras tampoco dan datos. Así que el autor se encuentra solo o con gigantes gestores que buscan cobrar hasta por respirar. O calvo o con dos pelucas, vaya.

Internet está acabando con los derechos de autor tal y como los conocemos. O mejor dicho, la red está acabando con el copyright. El capitalismo está condenado a reinventarse e intenta buscar un mecanismo de control para asegurarse su trozo del pastel. En una agonía desesperada, da sus últimos zarpazos e instaura los DRM en los libros, por ejemplo. Para quién no lo sepa, los DRM son un sistema con el que la editorial se asegura de que solo leas un libro en un dispositivo y no lo piratees. Algo absurdo y en contra de los derechos del público lector, quitando su libertad para asegurar los ingresos a la editorial.

Seamos sinceros. Los derechos de autor, los que se refieren a la explotación de la obra, tal y como hemos visto, no sirven para nada. A los creadores no les supone un ingreso elevado. Es una ayuda, es cierto, pero a no ser que seas un autor comercial, el 8% no nos paga las facturas ni el tiempo invertido en la creación de un bien artístico. Así no se protege al autor. Los derechos de explotación deben evolucionar. No sé exactamente cómo ni hacia dónde, pero hay que plantear nuevos caminos.

Bueno, o tal vez sí, puede que esos pasos hacia un sistema más justo, estén en Internet. Scott McCloud, que ha sido un visionario para estas cosas, lo llamaba "micropagos" y el tiempo le ha dado la razón. En cuestión de  unos años, ha nacido el mecenazgo de Patreon, el crowdfunding y plataformas web como Panel Syndicate, Aces Weekly o la más reciente Electricomics.

¿Estarán en internet los derechos de autor? Sí. Es indudable. Los nuevos derechos aparecen mientras que los antiguos están condenados a extinguirse. Quizás de las cenizas de todo esto surja algo bueno, quizás la creatividad vuelva a ser la abanderada de la libertad y la muerte para esa máquina devoradora de talento que es el capitalismo artístico. Sólo así el creador será consciente del verdadero valor de su obra y pueda vivir de ella.

Source: http://www.carlaberrocal.com/blog/2015/10/...