Educación y mercado

Muchas veces cuando trabajamos en ilustración, debatimos sobre los límites que debemos poner a los clientes. Al ser el gremio un sector de profesionales independientes, donde la mayoría trabajamos solos, la sensación de grupo es inexistente. No se crean lazos de unión ni búsqueda de intereses comunes. En apariencia estamos de acuerdo, pero la manada se disuelve. A diferencia de otros profesionales colegiados, los ilustradores permanecemos en una postura reacia a protocolos. Nadie sabe poner un mínimo a nuestras ilustraciones, tampoco sabemos cuánto cobrar por hacer una prueba o cómo tratar las diferencias con los clientes. Cada profesional actúa de una manera, a veces llevado por las presiones del tiempo, de perder una oportunidad laboral o del dinero.

Las asociaciones de profesionales hacen verdaderos esfuerzos por compartir tarifas, pero la individualidad y la supervivencia se superponen a la solidaridad. Esto se produce no por maldad, si no por puro desconocimiento y para sobrevivir.

Y es que en los cambios generacionales estamos repitiendo los mismos errores. La información sobre el mercado laboral en este sector se reduce a pequeñas charlas de grandes maestros que comparten sus experiencias vitales y a través de la propia experiencia. Hay un vacío en las escuelas que no permite que los más jóvenes sepan tres puntos fundamentales en su futura carrera profesional:

1) Valorar económicamente su trabajo
2) Tratar con el cliente 
3) Promocionar y conseguir trabajo


Es decir, tres de los puntos fundamentales en la profesionalización de un sector... ¡no nos los enseñan!

Esto es debido, en parte, a que la gran mayoría de los profesores de las instituciones públicas no están en contacto con el mercado laboral. No participan de forma activa en el sector.

La única asignatura que pone en contacto a los alumnos con la parte profesional de la ilustración es "Formación Laboral". Su temario está obsoleto y no está enfocado a enseñar a ser autónomo, herramientas de promoción o salidas profesionales, si no a puros trámites administrativos y fiscales. Poco se habla de los derechos de autor (y sus alternativas) o de cómo valorar las horas de producción.

¿Por qué nos sorprendemos de las injusticias? Si no hay formación (o la hay, pero muy insuficiente), no nos debería extrañar que haya ilustradores que no cobren las pruebas a las agencias o precios tan bajos que acaben afectando al resto de los profesionales. Tendencias de precio a la baja motivadas por la presión de la crisis o el miedo (razonable) de no obtener el trabajo.

¿Por dónde empezar? 

Lo fundamental es que las instituciones educativas se involucren en una mejora de la formación laboral. Acudiendo a profesionales expertos en el mercado de la ilustración y la propiedad intelectual, mejorando los temarios y adaptándolos constantemente.

Por otra parte es importante obtener unos datos transparentes y compartidos sobre la tarificación en la ilustración. Esto se puede obtener en internet fácilmente gracias a las asociaciones gremiales, pero quizás para mejorar su divulgación deberían involucrarse más con las escuelas y trabajar de forma conjunta.

Con respecto al precio de nuestro trabajo, creo que no hay que tener miedo a ser asertivo. Pedir lo justo no es irracional. Eso sí, hay que justificar de cara al cliente tus precios, cobrar de forma coherente. Pregunta a colegas si tienes dudas. De esta forma la competencia es justa. Si unos cobran poco y otros no, estás despreciando tu trabajo y el de los demás.

Así, con la formación y la solidaridad conseguiremos que las nuevas generaciones de ilustradores prosperen, teniendo un mayor conocimiento de la profesión. Cobrarán de forma justa su trabajo e irán más preparados al mercado laboral, mejorando nuestra imagen y educando a los clientes en el respeto a la creación.