La invisibilidad del tiempo

Cuántas veces lo habremos oído: la moda es pasajera. Sin embargo, la labor comunicativa del ilustrador no debe ser temporal. Debemos intentar ser inmunes al paso del tiempo. Es difícil, porque cuando dibujamos no pensamos en eso, pero si priorizamos nuestro trabajo comunicativo, si conseguimos darle preferencia al mensaje, entonces, sobrevivirá al tiempo.

Las modas, que son esas extrañas corrientes que vuelven locas a la gente por un corto periodo de tiempo, son precisamente eso, temporales. Es verdad, han definido épocas y estilos creando corrientes distintas, reconocibles y duraderas. Sus autores, exigentes, dieron preferencia a la labor comunicativa y  así, su trabajo se transformó en imperecedero. Por eso, hoy los seguimos usando de ejemplo en las aulas.

Hay una corriente dentro de la ilustración actual (la más visible o comercial) que no prioriza el mensaje, si no la estética. Quizás nuestro sector también se haya intoxicado del liberalismo salvaje que antepone la venta ante todo, o tal vez es que vivimos en una sociedad que poco a poco pierde su propio mensaje. No lo sé. No tengo una respuesta concreta, pero la verdad es que estamos en un momento donde todo es imagen y la forma se ha superpuesto al fondo. Estamos perdiendo el mensaje

No es nuestro único problema. Lo dije ya en esta entrevista.

"P: Cuando haces ilustración publicitaria o editorial, ¿te contratan porque les gusta tu estilo o tienes que adaptarte a lo que piden?
R: En la editorial, el ilustrador se adapta más a lo que le piden, sobre todo, en la ilustración de libros de texto, donde el estilo está muy definido. La publicitaria es un poco más libre, no es tan impuesta, pero es muy tendenciosa. Es decir, si hay un tipo de ilustración que se lleva, como la de Ricardo Cavolo o la de Paula Bonet, se crean una serie de tendencias que todo el mundo sigue y que los directores de arte de las agencias de publicidad demandan. Creo que eso es un error, porque el verdadero papel del director de arte no es reconocer la tendencia, sino la calidad, la originalidad y la frescura del trabajo.
P: Como la fiebre de las ilustraciones de Jordi Labanda… 
R: Eso es. Todos los directores de arte de revistas de moda querían ese tipo de ilustración: error garrafal. Mauro Entrialgo lo explicaba muy bien en una tira en la que salía un editor que decía: “Quiero que dibujes estas ilustraciones con el estilo de Jordi Labanda”. Y el dibujante le respondía: “¿Me vas a pagar como si fuera él?”. Lo importante es tener un estilo que resista las modas pasajeras"

Es decir, hubo una generación de Directores de Arte, cuando la publicidad empezó a profesionalizarse, que tenían un bagaje visual muy rico. Conocían su propia historia, apostaban por ilustradores y diseñadores arriesgados, incómodos o con un estilo propio. No hay más que ver las cubiertas de Alianza Editorial que hizo Daniel Gil o las revistas de la Movida Madrileña. Los editores y directores de arte tenían olfato para reconocer aquello que comunicaba mejor, además de sensibilidad y conocimientos para valorar la calidad técnica y conceptual de un trabajo.

Ocurre de forma muy similar en la industria editorial de libro de texto, donde si no dibujas con un estilo cerrado y muy definido (en su mayor parte línea clara y colores planos), no tienes nada que hacer. El estilo se monopoliza. Sin embargo, yo aún recuerdo mis libros de EGB con ilustradores muy locos y diferentes entre sí.

Senda 3. Jose Ramón Sánchez. Santillana

Senda 3. Jose Ramón Sánchez. Santillana

¿ Recordarán las generaciones venideras sus libros de texto, los anuncios, algún póster?

¿Será cierto que antes se hacían las cosas mejor? No lo creo. La clave esta en la elección y el compromiso del director de arte por elegir diferente, aunque conlleve apostar por algo arriesgado.  

Desde mi punto de vista, un ilustrador debería ser escogido por su talento, por su capacidad de innovación y por la calidad conceptual de su trabajo. Si no, la ilustración se vuelve dibujo y nosotros, ante todo, somos comunicadores, no dibujantes.  Un ilustrador no debería ser elegido por la cantidad de seguidores que tenga en una red social, ni por su imagen, si no por lo que verdaderamente habla de él: su trabajo.

Vale, es cierto, hay que aprovechar las redes sociales. Con ellos los departamentos de marketing babean, pero éstas no deberían determinar la elección del ilustrador. La comunicación esta en el dibujo, no en  la cantidad de seguidores que el dibujante tenga en Twitter. El profesional puede ayudar en la difusión de una campaña pero el ilustrador no es el emisor del mensaje. No es esa su especialidad. Está bien aprovechar los distintos canales para explotar un anuncio, pero nosotros no somos los responsables.

Ese mensaje, ese anuncio tuiteado mil veces, esa campaña millonaria llena de influencers sólo tendrá un juez: el tiempo. Cuando dentro de 100 años nuestros descendientes (o quizás los marcianos) vean un cartel del 2015, serán ellos los que decidan si lo que hicimos valía la pena o no, pues la verdadera ilustración, el verdadero diseño, el verdadero arte es sólo aquel que perdura con el tiempo.