Algunos consejos para ilustradores

En el artículo que escribí hace unas semanas sobre con consejos para editores, algunas personas me pidieron que hiciera el mismo artículo dirigido a los ilustradores.

Porque es cierto, como autores debemos exigir condiciones a los editores, pero también tenemos ciertos deberes. Si conseguimos que el trato sea fluido, la relación será abierta, cercana y el trabajo mejor. Las exigencias deben ser hacia las dos direcciones.

Digo esto por que es fatigoso oír de forma repetitiva y entre los profesionales, quejas sobre la industria. No son infundadas, pero temo que los ilustradores estemos cayendo en el victimismo y la autocompasión, por eso tenemos que cambiar la perspectiva. Y para que ésta cambie es necesario que tomemos en cuenta las siguientes consideraciones.

1. Acepta las críticas

Creo que muchos de nosotros no llevamos bien las críticas. Muchas veces no sabemos separar el trabajo de lo personal. Esto nos genera tensiones con los editores cuando nos mandan cambios, pues muchas veces no los alcanzamos a comprender o nos molesta que nos lo digan. Cuando estas cosas suceden, tenemos que comprender que no somos perfectos, que lo habitual es que no demos con el resultado final a la primera y que hay que aprender a tener paciencia. Debemos gestionar las emociones que nos generan estos cambios y alejarlas de nuestro trabajo. El ego, tan inherente al artista, es con frecuencia nuestro peor enemigo. El verdadero ilustrador es aquel que sabe diferenciar el trabajo de sus emociones, el que conoce y comprende sus limitaciones. No podemos hacer bien todo, es algo imposible.

Debemos aceptar las críticas constructivas, aprender de ellas. Entender qué nos pide el cliente y escucharle mejor.

2. Acepta cambios

Al hilo del primer consejo, me gustaría hacer énfasis en lo conveniente de negociar de antemano los cambios en las ilustraciones. Así no alargaremos las correcciones al infinito ni convertiremos el trabajo en algo fatigoso. Podemos negociar, por ejemplo, que en el proceso de abocetado haremos como mucho tres cambios y en el de color dos. Creo que esto nos puede ayudar bastante en la gestión de este tipo de cosas con nuestros clientes. Oigo con demasiada frecuencia quejas de los ilustradores a este respecto, pero es importante que acotemos al cliente nuestra oferta, así nos evitaremos dolores de cabeza.

3. Negocia

La mayoría de los ilustradores no sabemos negociar. Aceptamos las ofertas tal cual. Nos invade el miedo a la posibilidad de que no nos den un trabajo y decidimos aceptarlo sin condiciones o ponemos precios bajos, hasta el punto de aceptar cantidades que no consideramos justas.

Esto es un gran error. Siempre hay que negociar, sobre todo si estamos tratando con un cliente importante. Muchas veces las tarifas que nos dicen al principio son a la baja y en los últimos años he llegado a escuchar ofertas irrisorias por ilustraciones en libros de texto. Esto no se puede permitir, pero tampoco se puede permitir que haya profesionales que lo acepten.
Se que como autónomos todos estamos en un permanente estado de alerta, siempre pendientes del dinero, siempre a la caza de nuestro próximo proyecto. Pasamos épocas de vacío y otras de vacas gordas. Vivimos con un permanente miedo que a veces nos paraliza: el miedo a perder el trabajo. A mi también me ha pasado. Sin embargo debemos cambiar nuestra mentalidad. La negociación es clave para mejorar nuestras condiciones laborales y es inevitable en todo trabajo. Si lo piensas de esta manera, como nuestros propios jefes somos una mierda. Unos verdaderos explotadores. Cada vez trabajamos más por menos, así que no estaría de más revisar nuestras propias condiciones de trabajo con tu jefe, o sea, Tú.

4. Valora los tiempos

Se realista. Muchas veces los tiempos nos juegan malas pasadas y quedamos mal con el cliente. Cada uno de nosotros sabe sus limitaciones y posibilidades. Dar excusas, mentir o evadir al cliente va a perjudicar nuestra imagen y nuestra profesión. Debemos aprender a manejar los tiempos y valorarlos en consecuencia.

5. Valora al cliente

Todo el rato oigo lamentaciones sobre nuestros clientes. Es importante admitir sus valores y que comprendamos sus carencias. No todo el mundo puede conocer nuestra profesión, es más, se nos llama para solucionar esa falta, así que no tienen porque conocer nuestro proceso de trabajo. Quizás podamos aprender mucho en este punto del trabajo del diseñador. Al ser su gestión con el cliente más extensa en el tiempo, éste debe argumentar constantemente sus ideas para defender su arte. Adaptar esta “defensa del trabajo” tan frecuente en diseño puede ayudarnos mucho a los ilustradores. Desde el conocimiento y la argumentación podemos ganarnos la confianza y el respeto del cliente.

Por otro lado, siempre va a haber clientes buenos y clientes malos. Sepamos valorar sus necesidades y aprender de ellos. Hay muchas oportunidades ahí fuera, no nos quedemos solo con las malas experiencias.

Estos creo que son los puntos más importantes en los que los ilustradores debemos de tomar nota, realizar autocrítica y mejorar. Si prestamos atención a nuestros errores mejoraremos como profesionales y también como gremio.

 

Cuestión de actitud

Durante mis años como profesora de ilustración y cómic, uno de los errores más frecuentes con los que me encuentro en clase no está en los dibujos, si no en las actitudes de los alumnos. Es frecuente encontrar quienes creen que lo saben todo, también a monologuistas de su trabajo o alumnos que quieren que les expliques sólo los que a ellos les gusta... por poner solo unos pocos ejemplos.

También me encuentro con alumnos que tienen talento, pero no persisten, por lo que alguien en un principio más mediocre acaba sobresaliendo por su esfuerzo. Lo reconozco, siento mucha simpatía por estos machacas, no puedo evitar sentirme identificada con ellos.  No me considero una persona talentosa, pero si trabajadora.

Me gustaría dedicarles unas palabras a todos esos estudiantes que empiezan su carrera, por si algo de esto les sirve. Igual es directo, pero creo que es útil y puede ayudarles. Ahí va:

No seas idiota. No eres el mejor. No eres un genio. Probablemente hay cien mil personas con más talento que tú. Eres joven, puedes saber dibujar, pero el camino se hace paso a paso y tú sólo acabas de empezar.

No seas soberbio. No desprecies nada. Eso sólo te cerrará puertas. Aprende de todo. Trabaja tus inseguridades, aprende a hacer autocrítica, valora los consejos, no las personas. Pregúntate si lo estás haciendo bien y si no es así, trabaja. Trabaja. Trabaja. Y trabaja.

No te pongas metas altas. No dibujes para ser el mejor. No funciona, te lo digo por experiencia. Solo te generará frustración, stress y presión, por lo que dibujarás peor. Sin embargo si dibujas para pasártelo bien, serás el mejor.

No seas egocéntrico, ten autoconfianza. El egocentrismo es una inseguridad personal, la autoconfianza surge desde el equilibrio. No tienes nada que demostrar. Bueno, sí. Demuéstrate a ti mismo que vales, que peleas y que luchas por mejorar. Por nadie más. Nadie quiere escuchar lo bueno que eres, sólo queremos verlo.

Se trabajador. Se persistente. Cuando alguien quiere algo, tiene que ir a buscarlo. No te duermas en los laureles. Piensa que puede haber un chino (¡con lo currantes que son!) que te de mil vueltas y encima, trabaje muchas más horas que tú… ¡así que empieza ya!

No quiero ponerme muy dura, pero creo que si volviera atrás y me encontrara con mi yo de hace diez años (esa Carla insegura pero llena de ganas de vivir del cómic)  le diría todas estas cosas y también le daría algún que otro coscorrón. Por suerte o por desgracia, la vida enseña a base de leches y he aprendido algunas lecciones (y lo que me queda).

Lo que quiero decirte es que eres joven, tienes energía, tienes ganas, tienes muchas cosas que descubrir y contar. Estas en la mejor parte de tu carrera. Disfrútalo desde la humildad de saber que no eres el mejor, pero también desde el entusiasmo por los dibujos que están por llegar.