Cuestión de actitud

Durante mis años como profesora de ilustración y cómic, uno de los errores más frecuentes con los que me encuentro en clase no está en los dibujos, si no en las actitudes de los alumnos. Es frecuente encontrar quienes creen que lo saben todo, también a monologuistas de su trabajo o alumnos que quieren que les expliques sólo los que a ellos les gusta... por poner solo unos pocos ejemplos.

También me encuentro con alumnos que tienen talento, pero no persisten, por lo que alguien en un principio más mediocre acaba sobresaliendo por su esfuerzo. Lo reconozco, siento mucha simpatía por estos machacas, no puedo evitar sentirme identificada con ellos.  No me considero una persona talentosa, pero si trabajadora.

Me gustaría dedicarles unas palabras a todos esos estudiantes que empiezan su carrera, por si algo de esto les sirve. Igual es directo, pero creo que es útil y puede ayudarles. Ahí va:

No seas idiota. No eres el mejor. No eres un genio. Probablemente hay cien mil personas con más talento que tú. Eres joven, puedes saber dibujar, pero el camino se hace paso a paso y tú sólo acabas de empezar.

No seas soberbio. No desprecies nada. Eso sólo te cerrará puertas. Aprende de todo. Trabaja tus inseguridades, aprende a hacer autocrítica, valora los consejos, no las personas. Pregúntate si lo estás haciendo bien y si no es así, trabaja. Trabaja. Trabaja. Y trabaja.

No te pongas metas altas. No dibujes para ser el mejor. No funciona, te lo digo por experiencia. Solo te generará frustración, stress y presión, por lo que dibujarás peor. Sin embargo si dibujas para pasártelo bien, serás el mejor.

No seas egocéntrico, ten autoconfianza. El egocentrismo es una inseguridad personal, la autoconfianza surge desde el equilibrio. No tienes nada que demostrar. Bueno, sí. Demuéstrate a ti mismo que vales, que peleas y que luchas por mejorar. Por nadie más. Nadie quiere escuchar lo bueno que eres, sólo queremos verlo.

Se trabajador. Se persistente. Cuando alguien quiere algo, tiene que ir a buscarlo. No te duermas en los laureles. Piensa que puede haber un chino (¡con lo currantes que son!) que te de mil vueltas y encima, trabaje muchas más horas que tú… ¡así que empieza ya!

No quiero ponerme muy dura, pero creo que si volviera atrás y me encontrara con mi yo de hace diez años (esa Carla insegura pero llena de ganas de vivir del cómic)  le diría todas estas cosas y también le daría algún que otro coscorrón. Por suerte o por desgracia, la vida enseña a base de leches y he aprendido algunas lecciones (y lo que me queda).

Lo que quiero decirte es que eres joven, tienes energía, tienes ganas, tienes muchas cosas que descubrir y contar. Estas en la mejor parte de tu carrera. Disfrútalo desde la humildad de saber que no eres el mejor, pero también desde el entusiasmo por los dibujos que están por llegar.

Educación y mercado

Muchas veces cuando trabajamos en ilustración, debatimos sobre los límites que debemos poner a los clientes. Al ser el gremio un sector de profesionales independientes, donde la mayoría trabajamos solos, la sensación de grupo es inexistente. No se crean lazos de unión ni búsqueda de intereses comunes. En apariencia estamos de acuerdo, pero la manada se disuelve. A diferencia de otros profesionales colegiados, los ilustradores permanecemos en una postura reacia a protocolos. Nadie sabe poner un mínimo a nuestras ilustraciones, tampoco sabemos cuánto cobrar por hacer una prueba o cómo tratar las diferencias con los clientes. Cada profesional actúa de una manera, a veces llevado por las presiones del tiempo, de perder una oportunidad laboral o del dinero.

Las asociaciones de profesionales hacen verdaderos esfuerzos por compartir tarifas, pero la individualidad y la supervivencia se superponen a la solidaridad. Esto se produce no por maldad, si no por puro desconocimiento y para sobrevivir.

Y es que en los cambios generacionales estamos repitiendo los mismos errores. La información sobre el mercado laboral en este sector se reduce a pequeñas charlas de grandes maestros que comparten sus experiencias vitales y a través de la propia experiencia. Hay un vacío en las escuelas que no permite que los más jóvenes sepan tres puntos fundamentales en su futura carrera profesional:

1) Valorar económicamente su trabajo
2) Tratar con el cliente 
3) Promocionar y conseguir trabajo


Es decir, tres de los puntos fundamentales en la profesionalización de un sector... ¡no nos los enseñan!

Esto es debido, en parte, a que la gran mayoría de los profesores de las instituciones públicas no están en contacto con el mercado laboral. No participan de forma activa en el sector.

La única asignatura que pone en contacto a los alumnos con la parte profesional de la ilustración es "Formación Laboral". Su temario está obsoleto y no está enfocado a enseñar a ser autónomo, herramientas de promoción o salidas profesionales, si no a puros trámites administrativos y fiscales. Poco se habla de los derechos de autor (y sus alternativas) o de cómo valorar las horas de producción.

¿Por qué nos sorprendemos de las injusticias? Si no hay formación (o la hay, pero muy insuficiente), no nos debería extrañar que haya ilustradores que no cobren las pruebas a las agencias o precios tan bajos que acaben afectando al resto de los profesionales. Tendencias de precio a la baja motivadas por la presión de la crisis o el miedo (razonable) de no obtener el trabajo.

¿Por dónde empezar? 

Lo fundamental es que las instituciones educativas se involucren en una mejora de la formación laboral. Acudiendo a profesionales expertos en el mercado de la ilustración y la propiedad intelectual, mejorando los temarios y adaptándolos constantemente.

Por otra parte es importante obtener unos datos transparentes y compartidos sobre la tarificación en la ilustración. Esto se puede obtener en internet fácilmente gracias a las asociaciones gremiales, pero quizás para mejorar su divulgación deberían involucrarse más con las escuelas y trabajar de forma conjunta.

Con respecto al precio de nuestro trabajo, creo que no hay que tener miedo a ser asertivo. Pedir lo justo no es irracional. Eso sí, hay que justificar de cara al cliente tus precios, cobrar de forma coherente. Pregunta a colegas si tienes dudas. De esta forma la competencia es justa. Si unos cobran poco y otros no, estás despreciando tu trabajo y el de los demás.

Así, con la formación y la solidaridad conseguiremos que las nuevas generaciones de ilustradores prosperen, teniendo un mayor conocimiento de la profesión. Cobrarán de forma justa su trabajo e irán más preparados al mercado laboral, mejorando nuestra imagen y educando a los clientes en el respeto a la creación.