El problema de las tarifas

Uno de los debates internos más largos que tenemos entre los ilustradores ha sido el tema de las tarifas. En todas las asambleas que hemos coordinado es una cuestión recurrente y una de las mayores preocupaciones dentro del colectivo.

Desde que en el 2004 se publicara el “Libro Blanco de la Ilustración” con un sistema de tarifas que rigió (y sigue rigiendo) el mercado de los dibujantes, muchos compañeros se preguntan qué ha ocurrido para que no haya vuelto a salir nada similar. La respuesta es sencilla: esta prohibido.

La Ley de la Libre Competencia prohíbe publicar tarifarios con la intención de estimular el mercado, así que es imposible sugerir nada en ese sentido. Las Asociaciones Profesionales poco pueden hacer, tienen las manos atadas.

Si nos preocupamos por tener otras alternativas, deberíamos empezar por cuestionarnos si realmente es necesario un tarifario. ¿No debe nuestro sector solucionar antes otros problemas de mayor importancia? ¿No es más urgente empezar a definir la profesión? Por que… ¿Sabemos qué es exactamente un profesional de la ilustración? ¿Sabemos cuales son nuestros valores?

Por otra parte, también creo es mucho más prioritario crear el código de buenas maneras, ya que nos ayudará a definir algunas de las lagunas del oficio. Todo ello estimularía un autoconocimiento que es indispensable para el desarrollo y evolución del colectivo.

Y para todos aquellos que os preguntéis cómo podéis obtener una tarifa de lo que cuesta nuestro trabajo, 3 pequeños consejos.

1. Calcula tu propio sueldo. Tus necesidades son distintas a las del resto. Para tener tu precio por día o precio por hora, suma:

Gastos fijos mensuales + sueldo ideal / 30 días = precio por jornada

A partir de ahí es sencillo: sólo te queda calcular las jornadas que te llevará un trabajo. Teniendo en cuenta tu rapidez a la hora de enfrentarte a un proyecto, ya sabes qué precio aproximado ofrecerle a tu cliente.

2. Negocia el precio, teniendo en cuenta tu objetivo y sobre todo restando los impuestos. Es decir, si quieres cobrar por un trabajo 1200 euros, considera que el 15% de IRPF se lo lleva hacienda, así que tendrías que cobrar en torno a unos 200 euros más para llevarte esa cantidad en limpio (siendo el porcentaje proporcional a medida que aumente).

3. Tu precio habla de tu trabajo y de tu calidad. Valórate. Con esto no digo que pongas precios ni muy bajos ni desorbitados, pero si que tengas en cuenta que tus horas tienen un coste. Da igual que tengas 5 o 20 años de experiencia, lo que el cliente valora no es eso, que puede ser un valor añadido más adelante, si no un servicio de comunicación que tú mismo debes aprender a cotizar. Por que tu sueldo a final de mes sólo depende de ti, así que si quieres ser un tirano explotador o un jefe justo, esta en tus manos.

Querido, nadie participará en tu concurso basura

Todos lo hemos visto en alguna ocasión. Una conocida marca saca a través de las redes sociales un concurso de ilustración (o cualquier disciplina artística).

Hasta ahí toda suena muy bien, pero a la hora de la verdad, en las bases la empresa no contempla un premio económico, si no pura y simple promoción.

¿Cúal es la estrategia a seguir?

¿Cómo podemos, como colectivo profesional, dinamitar estas prácticas tan abusivas en las grandes empresas?

Denunciarlo públicamente, compartirlo

Lo fundamental es hacer ruido de forma colectiva, mostrar nuestro rechazo hacia estos (mal llamados) concursos. Por suerte eso se nos da bastante bien. La gran mayoría de los ilustradores, por motivos laborales, dominamos las redes sociales, así que lo normal es que generemos comentarios y tweets mencionando a la empresa. Si son inteligentes, no nos censurarán. Aunque haya en ocasiones intentos de silenciar a los usuarios, si los Community Managers saben gestionar bien una crisis, calmarán el incendio de alguna manera. Aunque sea por su reputación online. Es triste, pero es así.

Generar didáctica dentro del colectivo de ilustradores

Es decir, educarnos a nosotros mismos para no participar en esos concursos, por muy bien que suene la oferta. He conocido casos de ilustradores desesperados por encontrar trabajo que aceptaron estos "premios" (yo diría fraudes) con la esperanza de encontrar visibilidad.

Y es lógico que busquemos visibilidad, sí, pero no a cualquier precio. Me resulta irritante que las empresas jueguen con la ilusión de las personas cuando estas están desesperadas. 

Definir y promocionar nuestro valor cultural como profesión

Desde que surgieron las Asambleas, muchos de los presentes caímos en la cuenta de lo importante que es empezar a trabajar en definir bien la profesión. Saber nuestros puntos fuertes como profesionales va a generar nuestra estrategia de cara al público general, por lo que construiremos una imagen más sólida de nuestro oficio que traspasará a la sociedad.

¿Cómo? A través del trabajo asociativo, sindical o de la FADIP pues son ellos los que tienen herramientas para influir en las instituciones que pueden promover un verdadero giro que contribuya a mejorar la condición del ilustrador.

Crear un código de “buenas maneras”

Una vez que se ha acotado la definición del ilustrador, el siguiente eslabón es crear un código ético para nuestro sector. Un librito que ya se esta abocetando aquí y en el que se puede contribuir de forma abierta. Espero que os animéis, que buena falta hace.

Un mensaje a las empresas

¿Cómo advertiros del riesgo que supone que hagáis un concurso por "promoción"?

Os voy a contar lo que supone.

Una obra gratis no será buena

Aunque suene a viejo. Lo barato sale caro. La creatividad se paga, es de cajón. Al igual que tú como empresa pides que se paguen tus servicios por que conllevan un coste, la creación de una imagen también supone unos gastos que hay que desembolsar. La puesta en marcha y desarrollo de una idea lleva días de conceptualización y ejecución técnica. Como cualquier profesional, esas horas deberán ser remuneradas de alguna manera. Debería ser con un premio en métalico que valore la creatividad lo suficiente como para generar un público que desee que tu concurso se repita todos los años.

Además, piénsalo, un buen profesional nunca se presentará a tu concurso si sólo ofreces promoción. Te pongo un ejemplo. Con suerte, puedes tomarte en algún sitio un café gratis. Pero un buen café, con un grano colombiano, de comercio justo y bien molido, hecho a fuego medio en una cafetera italiana y servido en una taza, probablemente te cueste bastante más y será mucho mejor. Así que si tu pides un café gratis, espera que tu resultado sea mediocre. La calidad, como todo en esta vida, se paga. Y si estás pensando que un estudiante podría ser tu target por que la promoción puede tentarles, si el chico o chica es medianamente bueno e inteligente, se presentará a concursos mejor remunerados que el tuyo, como éste.

Una obra gratis no dará reputación a tu empresa

Más que nada por que una horda de ilustradores trollazos sacudirán tus redes sociales, dañando la imagen de tu empresa.

Con una obra gratis, no tendrás buena publicidad, más bien todo lo contrario.

Un artista que trabaja gratis, no despierta la simpatía de su sector profesional, que no apoyará tu iniciativa.

Un ilustrador que trabaja gratis, no generará prestigio a tu marca ni la convertirá en un ejemplo a seguir.

Y… ¿cuáles son los beneficios de tener un concurso remunerado?

- Tendrás una obra de calidad

- Generarás buena reputación entre los profesionales del sector

- El público valorará tu apuesta creativa

- Apostarás por un ilustrador y colaborarás en su trayectoria, convirtiéndote en mecenas

- La obra podría popularizarse y convertirse en tu imagen de marca, haciéndote reconocible

- Le darás prestigio social y cultural a tu marca

Las ventajas de conseguir un buen ilustrador son muchas, pero para un empresario son básicamente dos: publicidad y reputación corporativa, que en términos económicos generarán un beneficio a largo plazo.

Como profesionales creo que tenemos que luchar contra este tipo de concursos-basura trabajando en estrategias de mayor recorrido. Está bien que nos quejemos y que contribuyamos a acabar con estos atropellos, pero la queja es temporal e inmediata. Debemos ir más allá y apostar por invertir tiempo y trabajo en la creación de un código de buenas maneras. Será un trabajo largo que se llevará a cabo en próximas asambleas, pero estaréis de acuerdo conmigo en que es necesario. Ojalá que en la siguiente convocatoria, que esperamos sea a finales se Octubre, os animéis a venir. Porque esta bien que exijamos, pero también hay que trabajar.