No lo suficiente

El cómic necesita un cambio, un cambio hacia “ellas”, hacia la inclusión definitiva de la mujer como autora, como creadora, pero también como personaje de lecturas amplias y físicos no esteriotipados. Un acto conjunto de justicia social en que debemos estar necesariamente involucrados todos.

Tras lo acontecido en Angoulême llego a la conclusión de que las medidas tomadas no son suficientes. No es suficiente abrir las votaciones, no es suficiente que los autores “cedan” un espacio a las autoras y tampoco es suficiente con darnos un espacio concreto en un momento concreto. Los cambios llevan tiempo. Y este será un proceso largo y tedioso en el que debemos cambiar la estructura, intentando involucrar a todos los agentes de la industria, pues sin ellos seguro que la lucha es infructuosa.

La solución es la autoconciencia. Conocer que tenemos al alcance de la mano el cambio en nuestras acciones. Podemos, en la medida de nuestras posibilidades, apoyar a autoras: publicándolas, reseñándolas y publicitándolas. La crítica sigue sin visibilizar a las mujeres. Es un hecho. No vale con reseñar a una o dos autoras, no. No vale con decir que Marjane Satrapi o Julie Maroh son grandes autoras, no. No vale con poner una mesa redonda sobre “Cómic y mujer”, no. Visibilizar es volver concreto lo invisible y con esto me refiero a acciones tan concretas como apoyar a las autoras jóvenes, reconocer la labor de las que ya tienen trayectoria, crear debates incluyendo al menos a una mujer... en definitiva darnos un espacio que nunca hemos tenido.

Como dijo el director del Festival de Angoulême Frank Bondoux, históricamente somos pocas. Pero… ¿por qué nadie va más allá de esta afirmación? ¿Por qué nadie se ha preguntado el por qué de esto? El Sr. Bondoux tiene razón en lo que dice,  sin embargo es muy peligroso quedarse sólo en esa lectura plana. Detrás de una ausencia siempre hay un motivo. Que de 30 nominados no haya una sola mujer no tiene una explicación histórica, si no machista. El cómic, como la cultura, es machista, de ahí nuestra ausencia. Debemos hacernos, pues, las preguntas correctas.

Y aún así, no es suficiente. Además de “resetearse”, además de promocionar en equidad, lo fundamental es que los involucrados en la industria se solidaricen, que acepten este combate como propio. Perdonadme si me chirrían tantos muros de compañeros buscando justicia social y tantos silencios con las autoras. La justicia social real empieza por reconocer a la mitad de la población mundial. Recuperar su historia, reconocer su trabajo. Para eso necesitamos a nuestros compañeros, nosotras solas no podemos. Así que esto es una invitación. Quiero autores, libreros, editores y distribuidores feministas, quiero compañeros en el Colectivo de Autoras, quiero un paso adelante sin miedo a reconocer que ha habido errores, pero que hay voluntad de corregirlos. Y solo con esa actitud, haciendo más de "lo suficente", surgirá el germen para un verdadero cambio de paradigma y convertiremos el cómic en un espacio justo.

 

El incómodo silencio de la historieta

 

Recuerdo la facilidad con la que mi padre aceptó que, quisiera o no, quería dedicarme a dibujar. Al principio se mostró preocupado, pero sabía que no podría negarse. La convicción con la que se lo dije le hizo comprender que podría salir adelante. Y cedió. Me apoyó aunque no fuera lo que quería para mí.

Tuve la suerte de que mi padre es un hombre tolerante. Si hubiera nacido a principios del siglo XX otro gallo cantaría. Mi padre sería una autoridad y yo la hija sumisa que debería aceptar sin rechistar la voluntad paterna. Sería un milagro que hubiera podido dedicarme a pintar… y otro milagro que escapara de formar una familia tradicional intentando ser independiente y libre.

Escribo todo esto por que tras la muerte de Rosa Galcerán me ha dado por pensar en la suerte que tuve de nacer donde he nacido y de tener los padres que tengo. Sin testimonios como el de Galcerán, sin su tesón por dedicarse a hacer lo que más le gustaba, muchas mujeres no estaríamos aquí. Quizás por eso me entristece que su muerte haya pasado tan desapercibida.

Por que... ¿dónde estaríamos nosotras sin mujeres como ella?

Todo ocurrió hace ya un año, cuando la llamé para explicarle el premio del Colectivo de Autoras. Me siento muy afortunada de haber podido hablar con ella. No olvidaré jamás sus palabras, ni su voz. Una voz ilusionada y partida por el tiempo, que me contaba cómo sus compañeros la cuestionaban por ser mujer. Una voz sonriente que también me explicó su lucha por ser buena madre y seguir dibujando. Una voz en la que se adivinaba sacrificio, pero también entereza y ejemplo.

Debe ser duro tener que demostrar durante toda tu vida tu valía y tu capacidad de trabajo. En ese entonces, ser alguien como Rosa significaba emprender una lucha solitaria. Una lucha agotadora que con el tiempo fue cada vez más silenciosa. Un silencio que se apagó este sábado 28 de Noviembre de 2015, cuando Rosa se tomó un respiro en su vertiginosa vida y decidió que ya tenía suficiente. Un silencio que se convierte en tristeza cuando nuestra autora (y autor) de cómic más longevo, se va sin que nadie le dedique las palabras que se merece. Un silencio que por justicia debería convertirse en grito y resonar para siempre.

Gritemos. Gritemos por Rosa y por tantas que quedaron en el olvido. Un grito común, unido, fuerte y sonoro, para que no haya más silencios. El cómic le debe mucho a autoras como Galcerán, no seamos desagradecidos nunca más. No dejemos que los silencios se coman a nuestras autoras. Hagamos desaparecer el olvido y encontremos la memoria desde la lucha común, entre todos y todas. Sólo así despertaremos y pondremos a Rosa en el lugar que se merece.

Por mi parte, solo quiero darle las gracias. Sin tu “sí”, sin tu valor, no sería lo que hoy soy. No dibujaría, no escribiría estas palabras y solo habría silencio. 

Ya es hora de acabar con él.